El Estado de Chile se encuentra separado de la Iglesia desde 1925. Esta separación es necesaria para mantener la libertad de conciencia de los individuos, toda vez que si un Estado adscribe a una religión determinada, ésta tenderá a imponerse incluso coactivamente sobre la conciencia de cada cual. Sin embargo, en la última década hemos visto reacciones de los sectores conservadores que han logrado, con éxito, mutilar la libertad de conciencia y pensamiento de las chilenas y los chilenos.
Ya en 1997 la Corte Suprema acogió un recurso presentado por particulares que se sintieron injuriados por la exhibición de la película “La última tentación de Cristo”. Finalmente el 5 de febrero de 2001 la Corte Interamericana de Derechos Humanos impuso cordura y decidió que el Estado de Chile modificara su legislación interna, en un plazo razonable, para suprimir esta censura y permitir la exhibición de la película mencionada. Este caso puso en entredicho el laicismo en Chile, resolviendo la Corte Interamericana que efectivamente nuestro Estado violó el derecho a la libertad de pensamiento y de expresión al acoger la censura contra el polémico film.
En abril de 2008 la reacción se ha anotado uno de sus triunfos más potentes: lograr que el Tribunal Constitucional prohíba la distribución de la llamada “pastilla del día después” por parte de los Servicios Públicos de Salud. El recurso fue presentado por particulares que estimaron que este fármaco pudiese eventualmente ser abortivo, cosa que la ciencia ha demostrado que no lo es, como lo han afirmado destacados especialistas en salud reproductiva. Esta medida ha sido refrendada el 16 de junio pasado por la Contraloría General de la República, que prohibió su distribución por municipalidades y consultorios, además de los entes públicos o privados que suscriban convenios con los organismos que integran el Sistema Nacional de Servicios de Salud, incluyendo a ONG y clínicas.
Estas acciones dan cuenta que en Chile la Iglesia sigue influyendo decisivamente en la vida de las personas, sean feligresas o no. Vivimos en un simulacro de Estado Laico, en que los sectores más conservadores de la Iglesia Católica mantienen su pretensión de hacer la ley, reglamentar las costumbres y la sociedad civil. Siguiendo a la filósofa francesa Catherine Kintzler, “lo que el laicismo reclama no son religiones moderadas, sino religiones amputadas de sus pretensiones jurídicas”.
Para profundizar una sociedad en la que se respete la libertad de conciencia y de pensamiento de las personas, tenemos que actuar en el presente. Es vital asumir que el ordenamiento jurídico actual, en especial la Constitución, contiene normas que han permitido el éxito de los reclamos conservadores. La acción laica ha de estar orientada, entonces, hacia la confluencia de todos los sectores de pensamiento libre para participar de los procesos creadores de las leyes. De esa forma garantizaremos que nuestro Estado sea efectivamente laico, y las reclamaciones conservadoras no tendrán sustento para ser acogidas.
La acción laica en el presente es la clave para hacer realidad el Estado Laico de 1925, en el futuro de nuestro país.
Carlos Domínguez Scheid
