Actuar en seco

Glaciar

¿Qué pasaría si una capital de un Estado se quedara sin agua? El caso de Santiago de Chile

Han sido variados los estudios científicos que han demostrado el aumento del dióxido de carbono en la atmósfera, y entre sus efectos el cambio en períodos humanos del clima. No obstante, son estos los cambios que se han intensificado severamente en los últimos treinta años, y para los próximos cincuenta las predicciones son, lamentablemente, sorprendentes. Presenciamos en el transcurso de una sola vida, cambios drásticos en la Patagonia argentina, Groenlandia, el Monte Kilimanjaro, y así sucesivamente en cientos de ejemplos.

En Chile, el país más largo del mundo, con una diversidad bioecológica rica y variada, alimenta sus campos y ciudades con las aguas provenientes de decenas de glaciares milenarios que residen en el enjambre de la Cordillera de los Andes. Es así como, la capital, Santiago de Chile, con seis millones de habitantes, se hidrata, cocina, vive y sobrevive, con el agua de los glaciares del Cajón del Maipo, situado a pocas horas de la urbe.

Actualmente, hay una preocupación mayúscula. Los glaciares se están derritiendo como un triste helado al sol. Las mediciones hablan de una disminución de un 15% a la anterior del año 1979, del glaciar San Francisco, pero el Glaciar Echaurren en cincuenta años más dejará de existir. Por ende, hablamos que si todo va como lo dice la fotografía actual, Santiago de Chile, se quedará seco en más del 70% de agua que hoy consume. Esto, es obviamente más catastrófico que una sequía, porque es un efecto permanente, que afecta a todos los sectores de la población, y también, paraliza las actividades productivas del centro neurálgico de Chile. Porque también algo es claro, en este país de Sudamérica, Santiago es el sostén económico de casi el setenta por ciento de la economía nacional. En esta ciudad residen las grandes empresas del país, el poder ejecutivo y judicial, las grandes inversiones privadas y públicas, y como dice el dicho popular, en verdad, “Santiago es Chile”.

Sin embargo esta dependencia del agua, en la capital chilena, se repite en Quito, La Paz, El Alto, y Lima, y el problema del derretimiento sostenido de los glaciares, es una realidad de los países andinos del continente americano. Poco sabemos en la prensa internacional, y poco escuchamos a las autoridades hablar siquiera de todo esto. Es por esto mismo es que debemos ser proyectivos. Implica, cambiar la orientación de las políticas públicas en torno a la intervención de los biosistemas, regular con mayor rigurosidad la protección de los glaciares, renovar los mecanismos de evaluación de impacto ambiental, y con toda certeza, coordinar políticas ecológicas de nivel regional que implique a todos los países afectados directa e indirectamente. Si no nos hacemos cargo de la problemática que afecta a la totalidad de una nación y encadena a todos los países vecinos, es cuando nos gana la soberbia.

Entonces debemos pensar lo que significaría eso, en cada país, con efecto multiplicador. Una migración de carácter sorprendente. Una crisis económica nacional con repercusión en la región americana. Un quiebre en la seguridad nacional de cada país. El comienzo de una inestabilidad política larvaria y sin precedentes, con características totalmente nuevas.

Conocemos lo que pasaría en Bangladesh, San Francisco, Shangai, Florida, y cientos de ciudades más, con el derretimiento que sucede actualmente en Groenlandia, pero es igual de catastrófico lo que pasaría con el colapso de los glaciares en Santiago de Chile y en las capitales andinas de América. Lo más seguro es que tendremos que cambiar los mapas del mundo, tanto a nivel geográfico como demográfico. Enseñaran una nueva ciencia social en las aulas del mundo, de esto, muchos estamos seguros.

No basta con reorientar las políticas públicas, cuando en realidad es otra la matriz del pensamiento que reina a una población entera. Es decir, cuando gana la filosofía del despilfarro que convierte al ser humano en un pequeño dios dueño del mundo. Una visión del entendimiento con el mundo es completamente necesaria, si no queremos convertir a la tierra en nuestro primer enemigo. En un terrorista sin voz, pero con garrote de fierro. En un verdadero exterminador de hombres y mujeres. En realidad, tenemos la batalla perdida, en ese escenario. Ante esto, es necesario actuar en seco, ahora, con todo apuro.

Porque así como siguen las cosas, las fuentes coloniales y contemporáneas de los barrios de Santiago sonarán huecas, mientras que los veranos de 35 grados Celsius, serán más insoportables sin piletas, y los grifos públicos estarán secos, mientras que los campos agrícolas de las afueras de la urbe, se quebrarán como porcelana.

Nos hemos demorado demasiado en darnos cuenta de la problemática. Pero con un dejo de crueldad, la Tierra no para en sus esfuerzos por transformar estas ciudades en desiertos. En catástrofes humanas, a pesar que el ser humano sea la especie más inteligente, científica y racional del mundo. Eso no basta. Darwin, que tanto hizo por estudiar al humano, pareciera que otorgo el sello de la soberbia, de estos pequeños dioses estúpidos que criminalizan el ecosistema. Por mi parte, entiendo completamente, a tono de justicia, la reacción de la Madre Tierra. Ella actúa en seco.

Alberto Cecereu

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