Pandillas Juveniles – ¿Prevenir la Violencia Intrafamiliar?

Bullying

Antes de pretender formular una respuesta a la interrogante, cabe en buen término dar una breve y categórica definición de que se entiende por violencia intrafamiliar, para luego discurrir respecto a porque se origina la misma, para poder tener una visión más clara sobre porque habría de prevenirla, y finalmente, cual sería la importancia de aquella.
Violencia Intrafamiliar:

Para la mayor parte de los estudios respecto del tema, la definen generalmente como: Una situación de abuso de poder o maltrato, físico o psíquico, de un miembro de la familia sobre otro.

Este maltrato puede ser: Físico, psicológico, sexual, y económico.
Por otra parte, el artículo 5 de la ley 20.066, sobre Violencia Intrafamiliar, la define como: “…todo maltrato que afecte la vida o la integridad física o psíquica de quien tenga o haya tenido la calidad de cónyuge del ofensor o una relación de convivencia con él; o sea pariente por consanguinidad o por afinidad en toda la línea recta o en la colateral hasta el tercer grado inclusive, del ofensor o de su cónyuge o de su actual conviviente.
También habrá violencia intrafamiliar cuando la conducta referida en el inciso precedente ocurra entre los padres de un hijo común, o recaiga sobre persona menor de edad o discapacitada que se encuentre bajo el cuidado o dependencia de cualquiera de los integrantes del grupo familiar”.
¿Por qué se produce la violencia intrafamiliar?

Para explicar el porqué de la Violencia Intrafamiliar (VIF), se podría esbozar que la sociedad tiene profundas raíces culturales e histórica en el patriarcado, el hombre bajo está visión y aproximándola al presente ensayo, mantiene la apariencia en un rol económico, proveedor de la alimentación, que cree que puede determinar la vida del resto de su familia, controlando y “disciplinando”. Lo anterior pensando netamente en el hombre como el causante de VIF, teniendo presente que categorizarlo prematuramente de esta forma no es más que una desafortunada afirmación, pero que las cifras hacen que se priorice o se caracterice la VIF casi como exclusiva del hombre hacia la mujer, hijos o adultos mayores; en consideración a que muchas veces se ignora y es ignorado los valores o números reales de hombres que son víctimas de VIF.

Otro factor a considerar va determinado, por la construcción de los valores societales, en el sentido tal de la contribución histórica que se hace del empleo de medios coercitivos o violencia propiamente tales para la resolución de los conflictos, lo cual es algo de todos los días, apreciable bajo distintos nombres en los medios de comunicación masiva.
Errado es el decir o siquiera pensar, que VIF es patrimonio de una determinada clase social o cultural, todo lo contrario, la violencia domestica, violencia de género o VIF, va de la mano con todos los seres humanos independiente de calificativos odiosos como estirpe, clase, sexo o condición. Es una cuestión inherente, y ligada directamente a la construcción de relaciones sociales, que claramente desvirtúan o carecen de la voluntad para resolver problemas y conflictos pacíficamente. Internalizando y adhiriéndose la violencia como medio para la resolución de estos.
Mucho se dice sobre el alcohol y las drogas como promotores de VIF, pero más que ser la exclusiva causa, no son más que una más de las ya descritas, con la salvedad de que existe mayor probabilidad de ocurrencia de hechos de violencia con la influencia del alcohol y las drogas (aumentan el factor de riesgo). Existen “golpeadores” que no consumen alcohol y drogas, así como existen adictos al alcohol y las drogas que no son “golpeadores”

Importancia de la prevención. Problemática asociada a la conformación de grupos juveniles delictuales.

Si consideramos la Violencia Intrafamiliar, como una problemática actual y de siempre, y por sobre todo como una vulneración activa de los derechos fundamentales de cada persona, claramente se hace patente la idea de prevenirla a través de la implementación de políticas regionales, centrales y a nivel local. Sobre todo en un punto tan interesante como son los niños y niñas víctimas directas e indirectas de VIF.

Una de las nefastas consecuencias de los reiterados episodios de VIF, es aquel experimentado por los niños y niñas que viven situaciones de violencia intrafamiliar, al igual que sus madres o padres, desarrollan por lo general estrategias de alivio que a la larga pueden tener consecuencias negativas y devastadoras. Entre estas consecuencias, está el no asistir al colegio y perder valiosos años de escolaridad, y es en este ámbito donde se busca un “refugio” en otros pares de iguales condiciones para no estar en sus casas, ¿pero entonces donde estarán durante estas horas de clases?, casi siempre significa exponerse a otros riesgos, como por ejemplo caer en depresión, el consumo de alcohol y drogas, participación en peleas y conductas autodestructivas y disruptivas son las estrategias de alivio más usadas por los niños y niñas. Solamente me referiré a una de estas consecuencias, entendiéndola como práctica que ha ido generándose en algunas comunas de Santiago, y que ha ido llamando la atención y preocupación de la opinión pública y del gobierno central y algunos locales.

Lo anterior, en el sentido de las consecuencias de la violencia domestica va estrechamente de la mano con la conformación de pandillas juveniles (literalmente), que tienden a propósitos disruptivos, de lata complejidad y de un marcado carácter delictual, tendiendo en un estadio más avanzado quizás a convertirse en verdades organizaciones delictuales, con jefe, mandos y provocadores (como en el delito de asociación ilícita). Eso no obsta a que se cuenten otros factores determinantes como la desigualdad, desempleo de los padres, falta de oportunidades, etc. La idea de los niños, niñas, adolescentes vulnerados a vincularse con pandillas juveniles obedece a una razón práctica, sencilla y concreta: la inclusión en la exclusión. Es decir, el reunirse o juntarse con otros pares que viven problemas de violencia similares, con altos índices de desescolarización, con ausencia de figuras paternales delimitadoras y claras, o en su caso de abierta negligencia parental, agresividad, falta de vinculación afectiva, hiperactividad, notable impulsividad, etc; todos detonantes y elementos comunes en familias donde la violencia intrafamiliar juega un rol fundamental en el proceso de aprendizaje de los menores y adolescentes. Los casos en la ciudad de Santiago de Chile, han ido in crescendo, donde al menos en Peñalolén, El Bosque, Puente Alto, etc se aprecian con claridad la reunión de menores de 14 años y adolescentes mayores de 14 y menores de 18 años en la comisión de ilícitos de diferentes grados de gravedad y de menor o mayor complejidad. La experiencia comparada nos demuestra que en el caso de las “maras”, se ha identificado que muchos miembros ingresan a las pandillas para huir de la violencia existente en sus familias… ¡volvemos a lo mismo! “inclusión en la exclusión”, inclusión donde se crean lazos de solidaridad entre los miembros.

Esto se vincula directamente (vínculo de causalidad directa)1 con la violencia intrafamiliar, puesto que los malos tratos hacia los niños provienen de padres (padre o madre o ambos) que no son capaces de manejar a los niños, y de fijar normas claras y mantenerlas en el tiempo, y que no tienen la autoridad suficiente para validarse frente a ellos, por lo que recurren a los gritos, los golpes y las descalificaciones. El daño puede ser grave si es que se trata de un maltrato o constante y habitual, y el maltrato se transforma en “la forma” en que el adulto a cargo del niño se relaciona con él. Un niño que ve que su padre o madre le pega, pensará que golpear o maltratar es una conducta que es útil para corregir al otro, y es probable que la use frente a sus compañeros o amigos. El niño/adolescente, aprende en este ambiente que la única manera de lograr que los otros le hagan caso es a través del uso de la violencia física o psicológica (a través de la intimidación). Algunos niños se vuelven muy temerosos y retraídos, se encierran en sí mismos, y viven en su mundo sin sentirse dignos del cariño de nadie. Un niño con este tipo de reacciones guardará su rabia y amargura por un tiempo, pero frente a cualquier otro hecho de la vida puede explotar y manifestarse más violento que los demás niños. Esa violencia proviene de esta rabia guardada, de sentirse poco querido y rechazado. Sobre esto, cada vez es más frecuente que los medios de comunicación exhiban e informen de graves hechos delictuales (robos con intimidación y violencia por ejemplo) protagonizados por menores de 18 años, e incluso menores de 14 años (reciente es el caso de el “Cisarro” y el “Loquin”, 10 y 13 años respectivamente, niños de la comuna de Peñalolén, “famosos” por sus robos a casas habitación en la comuna de las Condes), cuyo denominador común a la hora de perpretar atracos según las propias víctimas, es la inusitada y excesiva violencia desplegada.
En términos concretos, y validando lo anterior, cito brevemente un estudio realizado por la escuela de Antropología de la Universidad Bolivariana, que señala en un apartado: “Los hijos miembros de familias disfuncionales, de violencia intrafamiliar encuentran su refugio en la calle y en sus pares, que sustituyen a su familia”.2

Por otra parte, y abundando, se entiende dentro del marco de la Violencia Doméstica, que los niños que viven en hogares violentos tienden a sentirse temerosos y confundidos. Por lo que caen en un alto riesgo de experimentar problemas de conducta, aprendizaje, y problemas graves de adicción. Los niños aprenden mientras observan y ven que la violencia funciona, ya que aprecian que finalmente se consigue lo que se busca (dominar la voluntad de otro). Aprenden además que está bien solucionar problemas y controlar a los demás mediante la violencia.

Es por todo lo anterior, necesario e imperioso el (re) formular políticas claves que apunten a la protección de la familia o en su defecto al tratamiento adecuado e (re) inserción de los menores vulnerados directa o indirectamente (activa o pasiva) por hechos que sean constitutivos de VIF; no grato y tampoco obedece a un gran descubrimiento el percibir que muchos de los problemas que nos aquejan (y aquejaran) en el ámbito de la seguridad ciudadana en directa relación con las pandillas encuentra su nicho en la violencia al interior de las familias, he allí la causa primordial de que encontremos a jóvenes infractores de alta complejidad, y que todos sabemos que no existe muchas veces oferta alguna que propenda a su inclusión y tratamiento. El abuso de drogas y otros factores pueden incluso gatillarse una vez producida la violencia, sin ser necesariamente antecesores a está, pero sin perder de vista que el uso e ingesta de estas promueven y agudizan el mismo canon. En otros términos, todo se concatena y produce por la forma que educamos a nuestros hijos y a la forma en que resolvemos nuestras diferencias en la unidad básica de la estructura social, como es la familia. Sin entrar a comparar estadísticas (para no perder el norte del ensayo), es fácilmente evidente que muchos de los jóvenes y adolescentes que caen en estas malas practicas, han experimentado en un altísimo porcentaje violencia domestica o intrafamiliar, que a la postre ha resultado ser que la verdadera educación que recibieron o que reciben va íntimamente ligada a la cultura de la violencia, la cual ven como algo normal e imitable para la relación con el resto de las personas con las cuales conviven y convivirán.
Conocido es el ciclo de la violencia intrafamiliar, demás está el observar y mencionar que por regla general quien se cría y educa en estos ámbitos de violencia, termina por replicarla y reproducirla más adelante, concientizando que es la forma válida para resolver conflictos sean familiares, personales y sociales.

Las consecuencias de la violencia al interior de nuestros hogares, son muchas, solamente ilustro una de ellas por considerar esta parte que hace poco tiempo se está poniendo en la palestra de la opinión pública; pero no por eso he de olvidar otras nefastas consecuencias o promovidas por la VIF, como son la desintegración de algo tan valioso para cualquier forma de Estado como es la familia (núcleo fundamental de la sociedad lo llama nuestra Constitución Política)3 y otros problemas sociales como el alcoholismo, las adicciones, el suicidio y la fuga de hogar aumentan cuando hay violencia en el hogar. Hasta en un sentido económico, y no por ello menos importante encontramos consecuencias y por consiguiente la importancia de la prevención, ya que las empresas pierden sumas considerables de dinero al año debido al ausentismo y la baja productividad resultante de la violencia intrafamiliar. Incluso en el plano de la salud, podemos ver que los costos médicos producidos por violencia intrafamiliar ascienden a millones de pesos. Es por ello, que se han dispuesto de programas, planes y proyectos que atienden precisamente a la prevención de VIF. Ya que las propias comunidades gastan millones de pesos al año en intervenciones a través de los programas de asistencia y prevención de la violencia, léase en este sentido los diagnósticos previos, el diseño e implementación de políticas centrales (SERNAM), regionales y locales (centros de la mujer), capacitaciones a agentes de salud y educación, capacitación a dirigentes sociales o vecinales, y el personal necesario para abordar la temática VIF.

Conclusión

En definitiva, e ilustrando a modo de conclusión, la importancia de porqué prevenir la violencia intrafamiliar, es totalmente clara, este trabajo sólo pretendió referirse a una consecuencia directa en particular como es la inclusión y conformación de pandillas o grupos de jóvenes con un definido propósito delictual. La forma en como la sociedad está entendiendo y ha entendido a lo largo de su historia (humana) que cuales son los medios para que nos entendamos unos a otros y resolvamos nuestras diferencias, debe variar, no es la violencia, o la ley del más fuerte la que debe gobernarnos en nuestro plano más intimo y de relación interpersonal, sino que debe ser la búsqueda y estrechar lazos de tolerancia que permitan una convivencia no sólo sana y enriquecedora, sino que también pacifica. La armonía y tolerancia debe ser el principio rector que gobierne las relaciones sean familiares como cualquier otra.

Sebastián Pérez San Martín

Bibliografía
1.- Juan Carlos Martínez Aniorte. “La violencia en el contexto urbano de Guatemala. Reflexiones a partir de las investigaciones sobre violencia del área de estudios socio – urbanos de AVANCSO”. Ponencia del Cuarto Curso Centroamericano en Gestión Urbana y Municipal en Nicaragua. Mayo 2004.
2.- Estudio del Secretario General de Naciones Unidas Sobre Violencia Contra las Niñas, Niños y Adolescentes. Informe de la Secretaria Regional para el Estudio de América Latina, Cuba y República Dominicana en El Caribe. Año 2001.

http://www.violencestudy.org/

3.- Escuela de Antropología Social, Universidad Bolivariana, “Pandillas Juveniles en la Región Metropolitana”, año 1999.

http://www.bvs.edu.sv/adolecbk/tc/pandillas/pandillas_juveniles.doc

4.- Alicia Barcena Ibarra, Secretaria Ejecutiva Adjunta CEPAL, Inauguración del quinto coloquio internacional para la prevención del delito”, Santiago, 27 de octubre de 2005. http://www.eclac.org/prensa/noticias/discursossecretaria/4/22904/ViolenciayDelito27oct-rev.pdf

5.- Jorge Corsi. “¿Cómo se puede prevenir la violencia en la pareja?” Manual de Violencia Familiar”. Madrid, Editorial Siglo XXI Editores. Fundación Mujeres. Año 1999.

6.- Irma Rojas, “Violencia Intrafamiliar”. Red chilena de calidad de Vida, Ministerio de Salud. Taller 2005.

http://epi.minsal.cl/cdvida/htm/Taller2005/0106irmarojas.ppt

7.- Tatiana Salinas de Vacaflores, “Familia, Violencia y abuso de drogas, una perspectiva boliviana sobre la problemática”. CICAD, Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas.

http://www.cicad.oas.org/reduccion_demanda/esp/documentos/DocumentosB/violenciaintrafam.doc

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