Propuestas de indulto desde un punto de vista laico

Por Branislav Marelic Rokov

Los documentos enviados por la iglesias católica y las iglesias evangélicas al Pdte. de la República, pidiendo y estableciendo requisitos para los indultos en el Bicentenario, deben ser miradas por lo que son, como la petición de un grupo de ciudadanos que transparenta sus intereses y solicita acción al Gobierno. Entenderlo bajo este prisma es seguir entendiendo el Estado separado de una Iglesia o de una forma moral de ver el mundo.

Si entendemos, por el contrario, que las Iglesias o movimientos morales puedan exigir un punto de vista, o llegar a instancias de decisión gubernamental, por algo más que la lógica de sus argumentos, no solo tenemos un Estado que no sirve al interés general de toda la población, sino que tenemos un Estado esencialmente intolerante. Intolerante ya que los argumentos esgrimidos, que tendrían palco privilegiado, obedecen a una forma moral/religiosa/parcial de concebir un asunto terrenal argumentado con postulados de salvación espiritual o de sagradas escrituras.

¿No fue intolerante el Estado porque prohibió el divorcio vincular amparado en visiones religiosas del matrimonio? Lo fue a lo menos con personas que no creen ni creerán, en visiones de salvación o de naturalidad del vínculo perpetuo. Esta moral, desde la ley de divorcio, se quedó donde correspondía, en la conciencia de cada uno.

El asunto del indulto bicentenario, basado en consideraciones de salvación espiritual y compasión cristiana, es una situación símil a la descrita en el divorcio. Lo peor que me podría pasar si no acato la moral cristiana sería irme al Infierno (Si, el Infierno ¡existe y es eterno!, lo dijo el Papa), pero nada en el orden terrenal, ¿será que hay diferencias entonces en los dos ordenes?. Ya lo dijo un revolucionario 2010 años atrás (aprox.) “Pagad pues á César lo que es de César, y á Dios lo que es de Dios” (Mt 22, 21).

Alguien menos revolucionario como John Locke, también llegó a una conclusión similar. En sus Carta sobre la Tolerancia, entiende que nada de lo que pueda hacer el soberano puede librar a una persona de la condena eterna, si no quiere ser salvada. Las acciones temporales no pueden salvarnos, la salvación es personal, y por más que el soberano nos haga rezar o nos diga que el matrimonio homosexual es malo, no nos vamos a salvar si seguimos apartándonos de la norma moral en nuestro interior. P

Lo que no abordó Locke, o no quizo entender, es que hay otras religiones no cristianas que también pueden convivir bajo un soberano, como las religiones orientales y además pueden existir personas sin creencias. La Tolerancia de aquí nace como una consecuencia de que la salvación es personalísima.

Pero avanzando el tiempo, nos encontramos que la Tolerancia no solo es garantía de las formas de salvación personal, sino que es garantía de convivencia pacífica  como argumenta Michael Walzer, en su libro Tratado Sobre la Tolerancia.  De esta manera, el valor y práctica de la Tolerancia en los Estados, nos ha permitido entender que sus acciones y sus leyes, son necesarias para cada uno pueda creer, pensar, expresarse, vivir y salvarse como quiera, sin que eso implique sacrificar vírgenes, quemar gente viva o tener esclavos, ya que existe normas mínimas universales que todos debemos respetar, como los Derechos Fundamentales.

Al final, la sofisticación de la Tolerancia que permeó el Estado, nos permitió entenderlo como Laico, siendo este Estado, entre otros detalles, el que no privilegia una visión particular moral de ver la sociedad, y que se preocupa de la vida terrenal de sus ciudadanos, porque es lo único que el Estado puede mejorar.

Incluso más, con la Democracia se nos exige que todas las decisiones (en algun momento) pasen por la deliberación de todos los representantes de la sociedad, el Congreso. Así nos aseguramos  que las decisiones sean acuerdos para vivir mejor, y no para la salvación de todos por creencias de unos pocos.

De esta forma, las propuestas de indulto se deben leer como corresponden, opiniones de grupos privados desde la sociedad en la que todos vivimos.

Pero tampoco podemos ser idealistas, el regulador puede ser capturado como lo evidencia y desarrolla la Teoría de George Stigler, esto es en general, que un persona con poder público termina ejerciéndolo para un grupo de interés y no para el interés de todos. Es por esto que la potestad de indulto necesariamente debe ser revisada, al igual que otras de un Presidencialismo fuerte. Quizá debería ser balanceada con órganos colegiados y representativos de toma de decisiones.

Con lo anterior y viendo la propuesta de la Iglesia Católica y de las Iglesias Evangélicas, podemos destacar que estas giran en torno a la Unidad Nacional y a la Reforma del Sistema Carcelario. ¿Es el indulto bicentenario, general o particular, una forma de introducir una discusión totalmente presente de reforma de las cárceles? Por otra parte, ¿Es el acortamiento de pena una forma de reconciliación? Bueno, eso es para la discusión de fondo y para la argumentación que tendrá el Presidente caso a caso, ya que descartó una ley general de indulto.

Uno puede estar a favor o en contra del indulto, pero lo relevante es que toda propuesta debe ser bien entendida y analizada, separando de donde viene y cuáles son los argumentos para fundarla.

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